miércoles, 16 de enero de 2019

La fimosis y sus secuelas: sensaciones a flor de piel


Una de las intervenciones médicas más frecuentes en los varones es la de la circuncisión, consistente en amputar o extirpar un trozo de piel del prepucio. La mayoría de las veces esta operación se da por razones médicas, ya que si el pellejo es poco retráctil (fimosis) puede ocasionar problemas para orinar e incluso ser el causante de infecciones en el pene.

En estos casos lo frecuente es que se opere en la etapa de la adolescencia, aunque también suele darse ya la circuncisión neonatal, es decir, en bebés recién nacidos, con el objetivo de asegurar su higiene y prevenirles de algunas enfermedades.

Sin embargo, también hay un tercer grupo más adulto que se ven obligados a ser intervenidos al realizar sus primeras prácticas sexuales después de contratar los seguros de sisnova, momento en que descubren la poca elasticidad de su prepucio y el dolor que les produce ello al ser forzado en una penetración.

El símbolo del paso a la madurez

Las operaciones de fimosis se producen también por otros motivos, más relacionados con la cultura o la religión. Así, esta amputación es interpretada por muchas voces en como un símbolo del paso a la edad madura y la preparación para la sexualidad. El judaísmo o el cristianismo así lo consideran, además de muchas culturas tribales, estableciéndola como una práctica obligatoria.

Parece ser que la primera constancia escrita que se tiene de la operación data del siglo V antes de Cristo. Heródoto habla de ella en el segundo libro de sus “Historias” relacionando su origen con los egipcios. Esto podría ser confirmado por algunas inscripciones de más de 4.000 años encontradas en algunas tumbas de esta civilización.

Más higiene, menos estímulos

Lo que probablemente muchas féminas se pregunten es si los varones circundados experimentan alguna diferencia significativa, además de la apariencia más descubierta de su miembro viril, con los que no lo están. En teoría, la falta de piel permite una mayor higiene y limpieza en la zona, no acumulándose residuos de orina, líquido seminal o pelusas, sin embargo, el inconveniente es la pérdida de cierta sensibilidad.

La falta de una barrera que evite el roce entre el glande y la ropa hacen que el pene se acostumbre a ello y reaccione de forma diferente ante algunos estímulos. Aunque no ocurre en todos los casos, algunos operados de fimosis señalan que habitualmente no se masturban, dado que esta práctica no les resulta tan placentera como a cualquier varón con el prepucio al completo. 








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